HISTORIA DE LA HEPATITIS



Hepatitis B: enfermedad Debilitadora


Antes de la segunda guerra Mundial para los médicos era un misterio que la causa primordial de la hepatitis era debido a un virus. Ellos solo tenían conocimiento de que las epidemias de hepatitis eran debido a las condiciones de aglomeración e insalubridad.

El encargado de iniciar un estudio, con el fin de resolver este misterio fue el medico británico F. O. MacCallum, especializado en enfermedades hepáticas. A el no le preocupaba tanto la hepatitis como enfermedad mortal, sino que se enfoco mas en la enfermedad de la fiebre amarilla, transmitida por los mosquitos, que estaba acabando con la vida de soldados de África y América del Sur. Como consecuencia MacCallum adelanto una vacuna contra la fiebre amarilla, hecha a base de suero humano, pero se quedo perplejo al observar que cuando se le administraba a los soldados, éstos pocos meses después desarrollaban la hepatitis. El medico tenia conocimiento de otros casos de transmisión de la hepatitis debido a la inoculación de vacunas que contenían suero humano. También sabia de casos en los que se utilizaba las jeringas y las agujas sin desinfectar en el tratamiento de la diabetes o enfermedades venéreas, utensilios que podían contener partículas de sangre. Es ahí en donde MacCallum empieza a sospechar que la hepatitis podría ser causada por un virus que se transportaba en la sangre humana.
Para verificar sus sospechas realiza una serie de observaciones con voluntarios durante y poco después de la guerra y fortalece dicha hipótesis, dándose cuenta a la vez de que esta enfermedad también puede ser transmitida por otros medios distintos a la sangre. MacCallum decide determinar la hepatitis A como la forma de transmitirse por comidas y bebidas contaminadas con cantidades mínimas de materia fecal y a la hepatitis B como la forma de transmitirse principalmente por exposición a sangre contaminada.


En busca de rastros sanguineos


Durante la década y media siguiente algunos investigadores trataron en vano de aislar los agentes infecciosos causantes de los dos tipos de hepatitis, por otro lado los científicos sospechaban que los organismos causantes eran virus, porque eran muy pequeños y por consiguiente podían pasar a través de unos de los filtros mas finos de utilizados en los experimentos. Pero los científicos no los estudiaban ni identificaban, porque no los podían cultivar. En 1960 la investigación alcanzo un punto desalentador, y es ahí en donde aparece un
Baruch Blumberg, investigador medico especializado en medicina interna y bioquímica, encargado de lograr un significativo avance en el conocimiento de las causas de la hepatitis, pero se intereso en un asunto más primordial:
¿Por qué algunas personas eran más propensas a determinadas enfermedades?

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Baruch Blumberg a finales la década de 1950 durante las investigaciones sobre las variaciones hereditarias de las proteínas en la sangre, empieza a obtener muestra de sangre de varias poblaciones del mundo, culminando su investigación con el descubrimiento del antìgeno de superficie de la hepatitis B (.HBsAg),observada inicialmente en un aborigen australiano


En su época de estudiante (principios de los años 1950), Blumberg había realizado investigaciones sobre una enfermedad parasitaria denominada elefantiasis. Y en èsto se pudo dar cuenta que algunas poblaciones étnicas de Surinam eran mas susceptibles a la enfermedad que otras, teniendo en cuenta que todos estaban en las mismas condiciones de contraerla. Pocos años después empezó a sospechar que esa susceptibilidad se podía atribuir a variaciones en la estructura genética de varias poblaciones étnicas, pero no había las herramientas necesarias de la biología molecular moderna para poder certificar dicha sospecha.
Los científicos de la época identificaban diferencias genéticas que pudieran relacionarse a la susceptibilidad de enfermedades, en las variaciones hereditarias por medio de las proteínas en la sangre. Se creía que estos poliformismos, se conservaban a través de varias generaciones, porque otorgaban a los que las poseían una cierta inmunidad contra la enfermedad.

Algunos investigadores habían comprobado algunos poliformismos que se presentaban en las proteínas de la sangre, como por ejemplo (las distintas proteínas de la sangre que determinan el grupo A, 0 o B), pero aun faltaba descubrir los secretos de las susceptibilidades a ciertas enfermedades.

A finales de los 50, Blumberg empezó a tomar muestra de sangre de diferentes poblaciones en todo el mundo, con el fin de descubrir nuevos poliformismos en las proteínas de la sangre.

Blumberg decide unirse con el bioquímico Anthony Allison a principios de 1960 y pensaron que los pacientes que recibieron varias transfusiones de sangre, su cuerpo empezaría actuar frente a proteínas completamente distintas a las suyas, generando reacciones inmunes, o anticuerpos, contra las proteínas extrañas, o antígenos. Utilizaron una técnica denominada en gel de agar, que consistía en la capacidad del sistema inmunológico para reaccionar a pequeñas variaciones en las proteínas e inducir a la interacción antígeno-anticuerpo en respuesta a una nueva proteína sanguínea.


bio_007592-4.gifLa imagen representa las proteinas que se encuentra difundidas en el gel de agar.

La difusión en gel de agar sospecha el desplazamiento de proteínas y complejos antígeno- anticuerpo a través de geles.
Esta técnica muestra la capacidad del sistema inmunológico para manifestar variaciones en las proteínas y nuevas interacciones antígeno-anticuerpo.
En primera instancia cogieron un portaobjeto y lo cubrieron de gel, luego en el centro dejaron la muestra de suero de un paciente que había recibido varias transfusiones. Esta muestra estaba rodeada de gel con suero de personas normales que no habían recibido transfusiones. Luego los sueros se difuminaron por el gel y según la reacción así mismo el gel actuaría.



Un rastro sanguineo determinante


Harvey Alter especialista en sangre quería averiguar porque algunas personas reaccionaban con fiebre, escalofríos o sarpullidos después de haber recibido una transfusión sanguínea. Se pensaba que era debido a la reacción inmunológica a proteínas extrañas (antígenos) proveniente de la sangre de los donantes. Éste al enterarse de los trabajos que estaba realizando Blumberg, quiso unírsele y estudiar la técnica del gel de agar con las muestras de sangre de diferentes personas en todo el mundo reunidas por Blumberg

En 1963, se dieron cuenta que el suero de un paciente hemofílico reaccionaba con el suero de un paciente de Australia.
La cuestión era que no se habían podido obtener resultados claros, debido a que los pacientes habían sido expuestos a varias transfusiones y por consiguiente a varios antígenos comunes a los cuales ellos reaccionaban, y así no podían determinar cual o cuales antígenos eran los que provocaban dicha reacción.
Pero en el experimento del suero del aborigen australiano solo reacciono con su suero, uno de los 24 sueros de los pacientes hemofílicos. Esto les daba a entender que era un único anfígeno el que provocaba dicha reacción.
Los mas probable es que este antígeno proviniera de una fuente infecciosa, ya que se presentaba rara vez.

Por tanto Blumberg y Alter decidieron analizar el suero del hemofílico, junto con miles de sueros más. Con esto se dieron cuenta de que solo una de cada 1000 muestras de sangre de los donantes sanos y no hemofílicos reaccionaba con el suero del hemofílico, mientras que uno de cada 10 pacientes con leucemia reaccionaban. Los investigadores denominaron a la misteriosa proteína el antígeno australiano (Aa), en referencia a la patria del aborigen cuya sangre condujo a su descubrimiento.
Finalmente plantearon que un antígeno desconocido de la sangre del australiano reaccionaba con los anticuerpos de la sangre de algunos hemofílicos y leucémicos.

Maravillosa Conclusiòn



Blumberg creyó haber encontrado un poliformismo a nivel hereditario en las proteínas de la sangre, que era susceptible a la leucemia, pero suponía que también podía ser por otras causas como un agente infeccioso (virus), entre el vínculo del Aa y la leucemia.
Quiso clarificar la investigación, buscando el Aa en niños con síndrome de Down que son los más propensos a desarrollar leucemia. Casi una tercera parte de estos niños contenían el Aa. Luego analizo a personas con este síndrome en diferentes edades y de diferentes lugares
Los recién nacidos no poseían el Aa, pero a medida que iban creciendo en medio de su ambiente, mayor era la probabilidad de adquirir este antígeno. Esto conllevaba a pensar que el antígeno estaba relacionado con una infección de algún tipo.
Algunos niños que presentaban negativo al Aa, se les realizaba después pruebas y seguía siendo negativo; lo mismo ocurría con los que presentaban positivo. Pero a un niño de 12 años con síndrome de Down que le tomaron la prueba inicial no presentó el Aa, y unos meses después resulto positivo y además también tenía el virus de la hepatitis, esto observado mediante la técnica del gel de agar.
Esto puso a sospechar de que el Aa estaba asociado con la hepatitis y no ha un poliformismo. Esto hizo que empezaran a estudiar estas investigaciones.
Las pruebas realizadas mostraron que pacientes con hepatitis daban con más frecuencia positiva al Aa, que aquellos que no presentaban la enfermedad.

Esta hipótesis se fortaleció cuando una ayudante de Blumberg comenzó a sentirse enferma. Entonces este era consciente del vínculo del Hepatitis, y le realizo una prueba para detectar la presencia del Aa en su suero y salio positivo. Posteriormente ella presento hepatitis y se convirtió en la primera persona cuya hepatitis viral se diagnostico mediante la prueba del Aa.

El virologo Alfred Prince, al saber de las conclusiones de Blumberg, quiso confirmar el vínculo entre el Aa y la hepatitis. Este quería saber si durante el periodo de incubación de la enfermedad, el Aa se aparecía antes que se manifestaran los síntomas.

En 1968, le tomaron encontraron una muestra de sangre de un paciente y este presento los síntomas claros de la hepatitis. Pero en la sangre no aparecía el Aa, dándose cuenta que semanas antes si había presentado el Aa. El virologo empezó a asociar esto con la hepatitis B.

En ese entonces Kazuo Okochi, de la Universidad de Tokio, indicó que la sangre que daba positivo para el Aa tenía más probabilidades de transmitir la hepatitis que los que daban negativo para el Aa.

Ya en 1970 se tenia muy claro la fuerte relación que existía entre el Aa con la hepatitis porque encontraban partículas víricas en las células hepáticas. Y a todos los llevaron a la conclusión de que el Aa formaba parte del virus que causa la hepatitis B. (de ahí el Aa cambio su nomenclatura por HHA, que en ingles significa antígeno asociado a la hepatitis; actualmente se le denomina HBsAg, que significa antígeno de superficie de la hepatitis B)

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